jueves, 28 de mayo de 2015

Resumen de la Historia del Museo Ferroviario Gualeguaychú - 2da Parte

Finalizando la década de 1990 y comenzando el siglo XXI las perspectivas del Museo Ferroviario de la ciudad de Gualeguaychú eran poco menos que verse como chatarra amontonada que obstaculizaba o molestaba, sobre todo porque en ese lugar donde otrora las imponentes formaciones de trenes transportaran personas y bienes, en ese mismo lugar, ya en los últimos tiempos del siglo XX, era destinado al carnaval y "tanto lujo" que convocaba a miles de personas (parecía) no se merecía un escenario tan lamentable en sus puertas. Otra vez el rescate y la puesta en valor iba a depender de un grupo de personas y hay que destacar esto porque es evidente que como comunidad debemos hacernos cargo de lo que nos pertenece para que perdure y nos represente. La historia de este Museo sigue hasta nuestros días y gracias a Semanario podemos contarla fuera del mismo.



Lo que sigue es lo que Enrique Aagaard denominó la segunda etapa del Museo. Podemos decir que la primera estuvo cargada de entusiasmo, improvisación, viajes, búsquedas, amor, nostalgia y pasión. La segunda etapa fue la toma de conciencia, la revalorización, la apuesta a futuro, la reconstrucción y el embellecimiento de un lugar bello por su historia que no es más ni menos que nuestra historia. Claro que con estas apreciaciones puedo cegar algunos puntos históricos - emocionales del fenómeno que fue y es el Museo Ferroviario y por esto, lo más atinado sería nombrar a las principales personas que hicieron de la reinauguración de este espacio histórico – cultural, posible.
A medida que avanzaron los trabajos las fechas se van haciendo más claras gracias a los registros. Para muchas cosas hay que recurrir a la memoria de los protagonistas, pero podemos poner como fecha importante, la que recuerda Enrique, el día 25 de Mayo de 2006 cuando Adolfo Quintana hizo de nexo entre Silvio Leuze, encargado entonces del Parque de la ex Estación (corsodromo) con el ferroviario.
Para esta fecha la restauración del Museo estaba en marcha y la locomotora fue la primera en recibir limpieza, arreglos y pintura. El día 26 de Mayo se reúnen y acuerdan los pasos a seguir para la restauración. Silvio tenía la iniciativa, el personal y los recursos y Enrique, junto con Hipólito Nóbile, la experiencia para el asesoramiento. Estos son nombres que debemos recordar porque estas personas con su decisión dejaron a la comunidad algo muy valioso. Las nuevas generaciones, en cualquier rincón del Museo, pueden traer a familiares lejanos en el tiempo mediante anécdotas, recuerdos y relatos haciendo presente a abuelos, abuelas, tíos, tías, vecinos y vecinas, etc. Cuestión fue que se pusieron a trabajar y en esos trabajos se preocuparon por revivir viejos anhelos, pero también buscaron cambiar algunas cosas para mejorar el Museo, el cual había quedado casi en el completo olvido por lo que tenía faltantes y roturas, para esto hubo que reemplazar piezas y otras hubo que hacerlas desde cero y para lograrlo fue fundamental el conocimiento de los ferroviarios. También fue esencial ese conocimiento para los trabajos que se realizaron con el objetivo de mover la locomotora unos metros más adelante y esto tuvo varios motivos. Primero, como ya contamos, la locomotora fue emplazada como única pieza y con ella se inauguró el Museo en 1984, por eso la morocha vaporera estaba en el centro de la extensión de vía y dejaba al Coche Comedor muy poco espacio, por tal motivo éste se encontraba casi al borde de la vía, apoyada su parte trasera contra el tejido perimetral. Para la tarea de adelantar la locomotora se llevaron adelante varios trabajos, se liberó la locomotora del vagón que estaban simulando una formación de tren y se desmontaron las bielas, dejando las ruedas libres para que la máquina pudiera rodar. Con esto se individualizó la locomotora del vagón y se generó en el medio un espacio para la mejor circulación del público visitante. A la locomotora le cambiaron chapas, le colocaron piezas faltantes, entre las que estaba el silbato perdido, se volvieron a ensamblar las bielas, se pintó y luego (como acto simbólico) se encendió fuego en la caldera. Luego empezaron los trabajos en el Coche Comedor 5462 para lo cual se solicitó la ayuda de otros empleados municipales entre los que había, carpinteros, herreros, pintores, electricistas, tapiceros, etc.
Este lujoso vagón de pasajeros, por ser de madera, tenía muchas más roturas y además su interior estaba violentado con vidrios rotos, faltantes de piezas claves e irrecuperables y el mencionado desgaste por la falta de mantenimiento. Los trabajos fueron intensos, ya se había ido el año 2006 y el 2007 estaba avanzado, los ferroviarios trabajaban de acuerdo a sus posibilidades y sus herramientas y el personal municipal de las distintas áreas tenía otras tareas e incluso muchas veces solo le dedicaron las horas extras al Museo, quedando una o dos personas trabajando permanentemente. Así llegamos al día 29 de septiembre de 2007, fecha que se eligió para la reinauguración ya que el Coche Comedor estaba terminado, como así también el resto de piezas del Museo emplazadas alrededor del vagón y la locomotora, entre los que se encuentran la Zorra tipo bomba, el Triciclo de vía o Velocípedo, el Bogie tipo araña, un Pulsometro (bomba de agua que funcionaba a vapor), un motor bombeador de fuel oil también a vapor, carritos Decauville, un encarrilador de doble mano, la Cruz de San Andrés, la Torre de señales, piezas a las que se les fueron agregando luego la campana de la estación, el nomenclador, la balanza, el kilómetro 311, el banco antiguo de la estación, entre otros.
Para terminar con este breve relato de lo que fue y es el Museo Ferroviario de nuestra ciudad solo queda destacar que desde su reinauguración a la fecha se ha venido trabajando con el objetivo que enriquecer esta institución y año a año el Museo crece en material y en importancia pero ahora ya no es de un grupo de personas visionarias e inquietas que hace más de treinta años supieron entender lo importante que era esto para nosotros, no es de un grupo de personas más contemporáneos ellos con nosotros que tuvieron el valor y la sensibilidad para hacerse cargo de revalorizar este reducto histórico, de ahora en más y para que no cometer los mismos errores al Museo lo tenemos que ver como lo que ha sido siempre, nuestro patrimonio, nuestro pedacito de historia, de memoria y además un lugar abierto para cultivarnos, para conocer más y sorprendernos con todo lo que tuvo y tiene Gualeguaychú. Cada persona que pisa el Museo deja algo y se lleva mucho más, desde septiembre del año 2007 a la fecha el tipo de visitante ha ido cambiando, primero eran más turistas que vecinos, hoy en día es al revés y es muy grato escuchar la expresiones de sorpresa y alegría cuando encuentran, detrás de la “Casa rosada” una pequeña plazoleta con mucho para contar.


CONTINÚA...

Dardo Campoamor, 28 de Mayo de 2015

martes, 19 de mayo de 2015

Resumen de la Historia del Museo Ferroviario Gualeguaychú - 1ra Parte

En La Revista de Gualeguaychú "Semanario" - Año 3 - Abril 2015 N°37 se publicó una nota sobre el Museo Ferroviario titulada Un espacio donde yace la historia reciente. En esta publicación va nuestro agradecimiento a Semanario y al periodista Rubén Skubij por acompañarnos y alcanzarle hasta lugares muy lejanos del Museo la historia del mismo.


Primera parte del texto:

Para describir al Museo Ferroviario de Gualeguaychú podríamos utilizar la siguiente definición:
“Es una institución permanente, sin fines de lucro, al servicio de la sociedad y abierta al público, que adquiere, conserva, estudia, expone y difunde el patrimonio material e inmaterial de la humanidad con fines de estudio, educación y recreo.” 

Pero si comparamos esta definición con lo que le pasaba a quienes conformaron la Comisión Pro Museo Ferroviario, allá por agosto de 1984, simplemente parecerían muy frías pues está claro que el ferrocarril con más de cien años en nuestra ciudad tiene mucha historia que contar y para eso es loable el haber creado un Museo, pero resulta que este Museo no nació de una decisión gubernamental o de la motivación de una gran masa de personas ni tampoco el ferrocarril se estaba yendo de Gualeguaychú. El Museo Ferroviario de nuestra ciudad nació por el sentimiento y la pasión de un grupo  de vecinos (entre lo que había ferroviario y no ferroviarios) que fueron testigos de un acontecimiento que a la historia misma del Tren se le escapa o por lo menos queda tapado por otros sucesos. Resulta que el día 10 de junio de 1983 de la Estación de trenes de Gualeguaychú, a las 10:00 de la mañana, partía con destino Basavilbaso la locomotora N°85 cerrando ese día los servicios oficiales a vapor de las grandes líneas ferroviarias argentinas, ese sistema que comenzó un 30 de agosto de 1857 terminaba en nuestra ciudad. Ese día un grupo reducido de personas, concientes de lo que eso significaba sumado al cariño por las vaporeras deciden que deben recuperar para Gualeguaychú al menos el recuerdo de los tiempos del silbato a vapor anunciando llegadas o partidas; los tiempos del penacho de humo coronando a las morochas que resoplaban en los andenes ansiosas por viajar. Nuestra ciudad les debe un eterno agradecimiento a estos hombres que tuvieron la visión y la valentía para emprender solos la aventura que significó el rescate del material rodante que hoy está emplazado detrás de la vieja estación.

Primero se procuró conseguir la locomotora N°85 la cual fue negada porque todavía estaba en funcionamiento (hoy está oxidada en Concepción del Uruguay), luego la búsqueda los llevó hasta la N°81, descarrilada y accidentada desde 1981 en Posadas (Misiones) la cual fue cedida después de muchas tratativas porque había que remolcarla hasta acá. Los relatos sobre la llegada de la Locomotora N°81 son muchos y coinciden en la desilusión que se llevaron al verla porque no había simplemente descarrilado, sino que estaba maltratada (incluso Enrique Aagaard menciona que no sabían si aceptarla o no), el descarrilo fue en un puente alcantarilla por lo que la estructura estaba seriamente dañada, tenía faltantes de piezas  y además había sufrido una inundación razón por la cual el óxido era avanzado. La restauración de la 81 llevó meses en el Galpón de máquinas, donde los trabajos estuvieron a cargo de Enrique Aagaard, quien fuera el último jefe encargado de la restauración y mantenimiento de las locomotoras a vapor. Al fin, luego de mucho trabajo y de viajes en el medio para conseguir piezas de repuestos, se pudo inaugurar el Museo el 24 de noviembre de 1984 con una locomotora impecable y solitaria porque las demás piezas fueron incorporándose al Museo con el transcurso del tiempo. Esta apretada síntesis de la locomotora que hoy engalana al Museo no es más que un ejemplo ya que cada pieza del mismo, cada rincón, cada documento que hoy guarda el Coche Comedor 5462 tienen una historia similar y es por eso que su valor es enorme. Al caminar por el Museo, los visitantes van despertando momento gracias a los recuerdos o por medio de la imaginación porque las piezas parecen congeladas desde hace cien o más años pero así también como hoy cualquiera puede disfrutar de un viaje al pasado, viaje que se renueva ya que además esta institución va creciendo y ampliando su material, hay que decir que no ha sido fácil para el Museo porque su historia nos cuenta  que sufrió como ningún otro un prolongado abandono en el cual fue tratado por algunos funcionarios de esa época como “un montón de trastos que han quedado a la intemperie” (según palabras textuales a un periódico local del entonces Director de Museos municipales) más preocupados por la imagen negativa que daba a los turistas que paseaban por el nuevo corsodromo que por recuperar un patrimonio cultural e histórico para la ciudad.

Es así que en los años que siguieron, dos ferroviarios que estuvieron presentes desde los primeros días del Museo, comenzaron a peregrinar por los distintos medios de comunicación denunciando el abandono, desamparo y la desidia que abrazaban a la institución por aquellos tiempos en los que finalizaba la década del noventa y comenzaba el siglo XXI. Varios fueron los artículos periodísticos que se publicaron en diarios y otros que fueron emitidos por radio y por televisión, los cuales no tuvieron el eco deseado y mientras tanto el Museo seguía perdiendo piezas tanto por robos como por el mismo paso del tiempo. Los diarios titulaban “El Museo ferroviario pierde piezas irrecuperables por actos vandálicos”; “El vagón del Museo Ferroviario se convirtió en un ¨ gallinero ¨, por el abandono”; etc. De esta manera la locomotora N°81 con más de un millón de kilómetros recorridos y el Coche Comedor 5462 en el cual se habían apostado las esperanzas de construir dentro una biblioteca, veían pasar el tiempo encerrados por un cerco perimetral que lo único que hacía era aislarlos, lejos de cumplir con la función de proteger, y el Museo se iba adentrando así en la nebulosa espesa del olvido colectivo. Ese bullicio en las vías escenográficas de aquel 24 de noviembre de 1984 se había apagado y lejos estaba la decisión política municipal de reflotarlo.



CONTINUARÁ...

Dardo Campoamor, 19 de Mayo de 2015