martes, 2 de enero de 2018

Triciclo de Vía - Velocípedo

Historia de un vehículo multifunción


Normalmente el recorrido por el Museo se concentra en el Coche Comedor 5462 y en la Locomotora Nº 81. En base a ellos se va haciendo el relato de cómo era la vida en los tiempos del vapor tanto arriba del tren como en la vida cotidiana que indudablemente estaba influenciada por esta maravilla tecnológica de la comunicación y el transporte. Pero el Museo ferroviario de nuestra ciudad preserva mucho más que eso y hay otros elementos que están un poco más alejados del conocimiento básico que existe sobre el tren, como por ejemplo el encarrilador de doble mano o el bombeador a vapor de fueloil o el bogie tipo araña y un montón de piezas más que vamos a ir explicando conforme pase el tiempo y este tiempo es para una de esas piezas “exóticas”. Una que atrae, sorprende y encanta. El nombre que utilizamos más frecuentemente para que sea rápidamente asimilada es “Triciclo de vía” y luego le agregamos: “o velocípedo”, este último era más bien el nombre comercial porque en la estación de trenes de Gualeguaychú, desde el Jefe de estación hasta el obrero changarín, le llamaban triciclo.


Explicar su utilidad, su función, es un poco complicado y sobre todo para los más chicos. En Gualeguaychú, en los comienzos del ferrocarril, el triciclo tendría que haber sido utilizado por un obrero llamado farolero que se encargaría de encender los faroles de aceite de la playa de la estación, como por ejemplo el farol para la torre de señales que estaba en la entrada al predio (hoy es por dónde salen las comparsas una vez que terminan con su desfile) pero como no había mucho personal, generalmente a ese trabajo lo hacía el cambista. La otra función y, quizás, la más importante era la de ser vehículo de transporte del guardahilo, persona encargada de reparar o mantener el tendido del cable que transportaba las señales del teléfono como del telégrafo. Dicho cable tenía su tendido a la vera de la vía, por esta razón el guardahilo se trasladaba en el velocípedo buscando el desperfecto o la razón que obstaculizaba la comunicación. Los ferroviarios cuentan que era común ver al guardahilos salir en su recorrida acompañado de una larga caña y eso era porque, sobre todo en días posteriores a lluvias, era común que el motivo por el cual había una interrupción o interferencias en la comunicación, era la presencia de un nido de hornero y entonces con la caña se lo volteaba. Este vehículo ha generado miles de anécdotas en el pasado y hoy las sigue generando. Un ejemplo actual es cuando se le pregunta a los alumnos y alumnas que visitan el Museo con sus escuelas, niños y niñas avezados en el uso del teléfono celular, si le creen al guía cuando les dice que el triciclo tenía mucho que ver con el teléfono y todos responden rápidamente que eso no es posible.



Así es que el Museo cuenta con un triciclo de vía, un vehículo de dimensiones pequeñas si lo comparamos con los demás pero cuando uno lo empieza a descubrir entiende claramente la razón por la cual tiene su propio pedestal. 





























Nota Anterior del Blog: Vía Libre para la Locomotora Nº 81

Dardo Campoamor, 2 de Enero de 2018 

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