jueves, 18 de mayo de 2017

Estación Gualeguaychú - Antes y Hoy


El ramal a Gualeguaychú fue autorizado mediante Ley de la Provincia el 07/01/1887 y el 15/12 del mismo año fue aprobada la traza que motivó a que se comenzara a construir el edificio de la Estación de Gualeguaychú para ser final de un ramal que partía desde Basavilbaso y pasando por Torcuato Gilbert; General Urdinarrain; General Almada y General Palavecino llegaba a esta ciudad.
Luego de terminada la Estación en 1888, Gualeguaychú tuvo que esperar hasta el 28 de Octubre de 1889 para que un tren con la Locomotora la Paraná inaugurara el ramal y recién el 23 de Septiembre de 1890 se habilita la Estación a servicio que funcionó como estación de trenes hasta su cierre definitivo a mediados de 1994.

          El predio del Parque de la Estación consistía de una superficie de aproximadamente de 7,5 hectáreas, de 500 mts de largo y 150 mts de ancho, sus largos laterales lindaban lado norte con calle Tala, hoy Maestra Piccini, límite sur calle Estrada, cabecera este calle España y cabecera oeste calle Aguado; al centro sobre calle Maestra Piccini está la plazoleta hoy Museo Ferroviario y el edificio de la “Vieja Estación” donde funcionaban las oficinas y jefatura de la misma en la planta baja (el ala este contaba con la Sala de Espera, Boletería, Telegramas y Oficina del Jefe de Estación y el ala oeste contaba con la sala de Encomiendas la que posteriormente fue reemplazada para colocar en ella un establecimiento para la  Policía Federal) y en planta alta estaba la vivienda del Jefe Estación. Este edificio es de típica arquitectura italicense. La fachada de este edificio era de color amarillo ocre y las molduras y el zócalo eran de color marrón cuando funcionaba el ferrocarril, estos colores no muchos lo recuerdan ya que en los últimos años del ferrocarril en Gualeguaychú, la Estación no era muy visitadas sino más que por los vecinos que debían cruzar por ella para ir por ejemplo a la escuela o para hacer compras en “el centro”. También lo muchos ignoran es que la planta alta del edificio era, como se mencionó, la vivienda para el Jefe de Estación y su familia, esto se debía a varios factores como el haberla construido lejos de la ciudad, también el hecho de que tenía una categoría alta (Estación de 2da) por estar en una ciudad importante y por ser punta de riel o estación terminal, entre otras cosas.
 El Jefe de estación Santiago Giacomelli vivió en el edificio y sus hijos, entre los que estaba Julio Oscar Giacomelli último Jefe de nuestra Estación, contaban lo fascinante que era ver desde las terrazas o las ventanas las maniobras de los trenes sobre los cuatro ramales que había para dicha tarea, ramales que estaban donde hoy se encuentra la pista para el desfile de comparsas. “Eran como trenes de juguetes que daban ganas de agarrar” contaba Oscar Giacomelli trayendo recuerdos de su infancia. De todo eso hoy no queda casi nada, solo un edificio cambiado que ni el nombre le queda. Ya no es más la Estación de trenes, ni siquiera la Vieja Estación, hoy es simplemente “la casita rosada” en honor al color que ostenta desde mediados de los años `90 cuando pasó a ser corsodromo.
Todavía hoy del lado del antiguo andén se pueden ver los nombres de las distintas dependencias, pero el lado que da hacia el norte también tenía distintas funciones y esa información se guarda en el Museo Ferroviario. Por ejemplo cual era la puerta de ingreso familiar, dónde estaban las oficinas para los inspectores e incluso había un lugar reservado para que maquinistas o guardas pudieran pernoctar. En la actualidad el edificio se divide en oficinas y depósitos para el personal de mantenimiento del Parque de la Estación, oficina permanente de la comisión del carnaval y otras habitaciones que se van adaptando para diferentes tareas, a lo que hay que agregarle las oficinas para prensa del carnaval en época estival.

Así para los carnavaleros es el Sector VIP, para los más nuevos es la casita rosada pero para otros es ineludiblemente la Vieja Estación.



Nota publicada en la edición Nº 31 de la Revista "Destino Gualeguaychú"

Dardo Campoamor, 18 de Mayo de 2017

miércoles, 26 de abril de 2017

Coche Comedor 5462, un espacio de historia




El día miércoles 19 de febrero de 1986 Pedro Nuncio Zorzet, entonces Jefe División Control Reaprovisionamiento de la Línea General Urquiza, firmaba que el Coche Comedor 5462 era cedido al Museo Ferroviario de Gualeguaychú. El documento que certifica este dato está guardado en el Museo gracias a la donación del Señor Echeverry, de todas maneras la intención no es hablar del documento sino del valor que el Coche tiene para el Museo en la actualidad.


El Coche Comedor 5462 hoy cumple una función muy importante, no solo por respetar el deseo de quienes trabajaron para conseguirlo, sino que además ha adquirido un protagonismo que no había tenido en el pasado. Es por esta razón que tenemos que destacar su importancia al punto de ser irremplazable ya que al formar parte de una institución museológica carente de edificio, este vehículo construido en madera en los albores del siglo XX (según placa por “The Bristol Wagon & Carriage Works C° Lª Bristol”), cumple la tarea de guardar aquellas pequeñas piezas del rompecabezas que llamamos historia de los ferrocarriles en Gualeguaychú. Entre los objetos que guarda podemos mencionar por ejemplo: herramientas, partes de locomotoras y vagones, elementos de la estación misma, fotografías, cartas del ferrocarril, relatos de ferroviarios, libros técnicos e históricos, maquetas ilustrativas, artículos publicados en diarios, placas de fábrica de todo tipo, archivos digitales y muchas cosas más pero además este coche de pasajeros guarda algo tan invaluable como impalpable, es algo invisible y absolutamente contundente en lo particular de cada persona a tal punto que al ingresar los visitantes encuentran en él algo que les roba una lágrima, un suspiro o una sonrisa. Esas cosas no se la sumamos nosotros, ya las trajo el Coche de algún lugar y es en virtud de esto que no quise detenerme demasiado en datos positivamente contrastables ni tampoco me puse a recordar la anécdota de cómo se consiguió este Coche para el Museo, como tampoco es necesario adornar este escrito con demasiadas fotografías. Lo que sí es necesario decir es que quién quiera transportarse al pasado, quien quiera revivir momentos o tenga curiosidad de ver y sentir como era la vida en los viajes de hace más de cien años, lisa y llanamente y para que sea justo para todos, lo que hay que hacer es venir y vivirlo en el Coche Comedor 5462.


Nota publicada en la Edición Nº 28 (Enero 2017) de la revista "Destino Gualeguaychú


Dardo Campoamor, 26 de Abril de 2017

jueves, 20 de abril de 2017

Una Zorra bomba en el Museo

 La Zorra o Zorrita como se la conoce popularmente es un vehículo característico del mundo ferroviario de una importancia tal que después de la Locomotora es la que le sigue en popularidad, a tal punto que por sí sola puede describir las aventuras y desventuras del ferrocarril en sus comienzos.
La Zorra que hoy conservamos y exponemos en el Museo es tan antigua como la misma estación de trenes de nuestra ciudad, se la denomina “Zorra bomba” por su tracción a sangre y por su sistema de propulsión en la que dos obreros ferroviarios, gritos acompasados de por medio, subían y bajaban la palanca central. Así recorrían las vías no solo llevando más obreros, sino que también acarreaban en otro vehículo acoplado las herramientas, durmientes y rieles (en el caso de tener que hacer algún reemplazo). Pero además sobran las anécdotas de viajeros/as que perdieron el tren o que no tenían para pagar el boleto y le “hacían dedo” a la zorrita cuando pasaba para acercarse a los pueblos vecinos. En este sentido abundan las historias de mujeres que vivían en Gualeguaychú y trabajaban de maestras en pueblos como Palavecino, Almada, etc. y que más de una vez utilizaron la gentileza de los operarios de Vía y Obras para viajar, así como también personas que traen recuerdos de su niñez cuando un día se subieron a la zorrita a dar un paseo.  


En síntesis esta zorrita que rescataron en el año 1984 con la intención de fundar un Museo ferroviario para nuestra ciudad, es el reflejo de tiempos de esfuerzos constantes de hombres que trabajaban en el mantenimiento de las vías allá por fines del siglo XIX y principios del XX. En una descripción rápida esta herramienta es una Zorra tipo Bomba N° 49 fabricada en hierro y madera, impulsada por el movimiento de brazos que utilizaban las cuadrillas de Vías y Obras para trasladarse.

En el Museo ferroviario guardamos de esta pieza fotografías y otros documentos que muestran su historia. Después de haberse construido el ramal en el cual se emplazó la Locomotora Nº81, se armaron a los costados pedestales hechos en piedra de forma circular en los cuales se armaron pequeños ramales de trocha media y en uno de ellos se instaló a esta zorra para rendirle honores por sus trabajos y hoy, en su descanso, es un punto ineludible para los visitantes.





Dardo Campoamor, 20 de Abril de 2017

viernes, 11 de marzo de 2016

Un cachito de Historia...

Es una de las reliquias históricas más importantes que guarda la ciudad de Gualeguaychú. Fabricada en la localidad de Hainaut (Bélgica) en la Usina Couillet S. A. y puesta en servicio en el año 1910 para el Ferrocarril del Este, la Locomotora Nº81 recorrió desde entonces la Mesopotamia argentina de punta a punta, juntando en su haber más de un millón de kilómetros recorridos y no solo pisó suelo argentino, sino que también, pisó suelo paraguayo. Esta locomotora que posiblemente haya funcionado en sus comienzos con el Nº551, desde la nacionalización ha portado el 81 que le ha dado un nombre y una identidad.

En el año 1984, cuando surge la idea de fundar un Museo ferroviario en Gualeguaychú, los ambiciosos ideólogos de este proyecto encontraron a la 81 descarrilada en Posada (Misiones) e iniciaron con este hallazgo los trabajos para que la Gerencia de la Línea Urquiza la cediera, una vez logrado esto comenzaron con la tarea de, primero remolcar la locomotora fuera de servicio en el año 1981, desde los pagos de la tierra colorada hasta nuestra ciudad del Yaguarí Guazú (Río del Jaguar). La locomotora llegó en pésimo estado, por el maltrato, el descarrilo y el abandono, pero en los galpones de reparación de locomotoras a vapor de la antigua estación de trenes, iba a encontrar a ferroviarios nacidos y criados entre vaporeras que pusieron lo mejor de sí para dejar a la morocha 81 en perfecto estado. Una vez terminados los trabajos de restauración, fue remolcada hasta su actual ubicación por una (entonces) moderna Diésel-eléctrica, quién se marchó dejando a su antecesora para que sea un vivo recuerdo del pasado que revolucionó la vida de las personas, ese pasados en que  estas bestias de acero y entrañas de fuego rugían conectando pueblos, cuando cubrían su entorno exhalando vapor y resoplaban ansiosas por viajar y todo eso lo podemos recordar o imaginar, eso ya es una cuestión generacional, subidos a la cabina de esta locomotora que es lisa y llanamente un monumento a la era del vapor.
En los comienzos del Museo se le unió a la locomotora el coche comedor 5462 y unidos estuvieron muchos años donde la mayoría fueron bajo un silencioso olvido hasta que comenzaron con los trabajos de restauración en el año 2006, cuando se corrió hacia adelante la locomotora, tiempos en los que también se hizo un trabajo de recuperación histórica formidable mostrando por un lado la tenacidad de la locomotora para superar los malos tiempos y el espíritu de trabajo por la memoria que se destaca en los vecinos de esta ciudad.

Gracias a todo esto los visitantes pueden recorrer esta pieza histórica y encontrarla completa y en perfecto estado de conservación lo que la hace única en la zona. 



Dardo Campoamor, 11 de Marzo de 2016
 

lunes, 22 de junio de 2015

Frigorífico y Ferrocarril

Cuando la comunidad de Gualeguaychú se lo ha propuesto ha conseguido grandes cosas. Uno de sus grandes logros fue sin duda la concreción del Frigorífico Gualeguaychú, empresa de capitales locales que surgió para hacer frente al monopolio británico en ese rubro. Es así que el comienzo del siglo XX va a encontrar a gualeguaychuenses resistiendo e innovando, sumergidos en una empresa que cambió la vida y la fisonomía de la ciudad. Este tan alto emprendimiento se vio favorecido e incentivado gracias también a la presencia del Ferrocarril y es por eso que en esta oportunidad vamos a hacer una breve reseña sobre la relación que tuvo nuestra estación de trenes con los comienzos del Frigorífico para en otra ocasión ampliar más sobre las relaciones que tuvieron estos dos grandes motores de la economía de Gualeguaychú y de la región.




Año 1923. En Gualeguaychú se estaba organizando la Asamblea del 29, como la llamaban los medios periodísticos de la época a la reunión que se iba a llevar a cabo por los ganaderos en defensa de sus intereses en contra de la explotación que sufrían por parte de los capitales extranjeros. Dicha Asamblea fue tan bien aceptada que se sumaron representantes de diferentes localidades, tanto nacionales como internacionales y en la recepción de tan importante cantidad de delegaciones y por quedar la ciudad de Gualeguaychú desbordada en su capacidad de alojamiento es que se suma la Estación de Trenes. Es por esto que extraemos los siguientes párrafos.

…”En consideración al crecido número de representantes que llegarían a esta ciudad y la reducida capacidad de los hoteles existentes en esa época (“Hotel Comercio” “Gran Hotel París” “Fonda de Wilson” “Restaurante Boretto” “Fonda de Don Martín Lavayen”) se habilitan casas particulares para su alojamiento.
La Empresa de “Ferrocarriles de E. Ríos” hoy “General Urquiza” prevé el estacionamiento de coches dormitorios en la estación local con el mismo fin.
Desde Buenos Aires se despacha un tren expreso con el nutrido contingente de representantes del quehacer ganadero a los que se suman enviados especiales de los más importantes diarios porteños”…

…”La primera en hacerse presente es la delegación uruguaya que se hospeda en la casa cedida por el Sr. Gustavo De Deken y lo hace el día 27.
La que proviene de la Pcia. De Buenos Aires llega el día 29 a las 13 a nuestra estación de Ferrocarril en “tren expreso” con setenta pasajeros. Es recibida por numeroso público y la banda de música del Regimiento 10 con asiento en Gualeguaychú. En manifestación se dirigen al local de la “Liga Patriótica” donde tiene su asiento la Comisión Organizadora de la Asamblea”…


Texto extraído del libro “Historia viva de Gualeguaychú

Recopilación motivada por la Fundación Federico Guillermo Bracht, año 1987
De la categoría Residentes con o sin publicación de trabajos anteriores
Capítulo A – “Antecedentes de la fundación del Frigorífico Gualeguaychú
Trabajo realizado por: René Bortairy de Rébori y Ángela Catalina Ferrari de Bértora

Un especial agradecimiento a Martha Latorre, por su invaluable y cálida colaboración.

Dardo Campoamor, 22 de Junio de 2015 


jueves, 28 de mayo de 2015

Resumen de la Historia del Museo Ferroviario Gualeguaychú - 2da Parte

Finalizando la década de 1990 y comenzando el siglo XXI las perspectivas del Museo Ferroviario de la ciudad de Gualeguaychú eran poco menos que verse como chatarra amontonada que obstaculizaba o molestaba, sobre todo porque en ese lugar donde otrora las imponentes formaciones de trenes transportaran personas y bienes, en ese mismo lugar, ya en los últimos tiempos del siglo XX, era destinado al carnaval y "tanto lujo" que convocaba a miles de personas (parecía) no se merecía un escenario tan lamentable en sus puertas. Otra vez el rescate y la puesta en valor iba a depender de un grupo de personas y hay que destacar esto porque es evidente que como comunidad debemos hacernos cargo de lo que nos pertenece para que perdure y nos represente. La historia de este Museo sigue hasta nuestros días y gracias a Semanario podemos contarla fuera del mismo.



Lo que sigue es lo que Enrique Aagaard denominó la segunda etapa del Museo. Podemos decir que la primera estuvo cargada de entusiasmo, improvisación, viajes, búsquedas, amor, nostalgia y pasión. La segunda etapa fue la toma de conciencia, la revalorización, la apuesta a futuro, la reconstrucción y el embellecimiento de un lugar bello por su historia que no es más ni menos que nuestra historia. Claro que con estas apreciaciones puedo cegar algunos puntos históricos - emocionales del fenómeno que fue y es el Museo Ferroviario y por esto, lo más atinado sería nombrar a las principales personas que hicieron de la reinauguración de este espacio histórico – cultural, posible.
A medida que avanzaron los trabajos las fechas se van haciendo más claras gracias a los registros. Para muchas cosas hay que recurrir a la memoria de los protagonistas, pero podemos poner como fecha importante, la que recuerda Enrique, el día 25 de Mayo de 2006 cuando Adolfo Quintana hizo de nexo entre Silvio Leuze, encargado entonces del Parque de la ex Estación (corsodromo) con el ferroviario.
Para esta fecha la restauración del Museo estaba en marcha y la locomotora fue la primera en recibir limpieza, arreglos y pintura. El día 26 de Mayo se reúnen y acuerdan los pasos a seguir para la restauración. Silvio tenía la iniciativa, el personal y los recursos y Enrique, junto con Hipólito Nóbile, la experiencia para el asesoramiento. Estos son nombres que debemos recordar porque estas personas con su decisión dejaron a la comunidad algo muy valioso. Las nuevas generaciones, en cualquier rincón del Museo, pueden traer a familiares lejanos en el tiempo mediante anécdotas, recuerdos y relatos haciendo presente a abuelos, abuelas, tíos, tías, vecinos y vecinas, etc. Cuestión fue que se pusieron a trabajar y en esos trabajos se preocuparon por revivir viejos anhelos, pero también buscaron cambiar algunas cosas para mejorar el Museo, el cual había quedado casi en el completo olvido por lo que tenía faltantes y roturas, para esto hubo que reemplazar piezas y otras hubo que hacerlas desde cero y para lograrlo fue fundamental el conocimiento de los ferroviarios. También fue esencial ese conocimiento para los trabajos que se realizaron con el objetivo de mover la locomotora unos metros más adelante y esto tuvo varios motivos. Primero, como ya contamos, la locomotora fue emplazada como única pieza y con ella se inauguró el Museo en 1984, por eso la morocha vaporera estaba en el centro de la extensión de vía y dejaba al Coche Comedor muy poco espacio, por tal motivo éste se encontraba casi al borde de la vía, apoyada su parte trasera contra el tejido perimetral. Para la tarea de adelantar la locomotora se llevaron adelante varios trabajos, se liberó la locomotora del vagón que estaban simulando una formación de tren y se desmontaron las bielas, dejando las ruedas libres para que la máquina pudiera rodar. Con esto se individualizó la locomotora del vagón y se generó en el medio un espacio para la mejor circulación del público visitante. A la locomotora le cambiaron chapas, le colocaron piezas faltantes, entre las que estaba el silbato perdido, se volvieron a ensamblar las bielas, se pintó y luego (como acto simbólico) se encendió fuego en la caldera. Luego empezaron los trabajos en el Coche Comedor 5462 para lo cual se solicitó la ayuda de otros empleados municipales entre los que había, carpinteros, herreros, pintores, electricistas, tapiceros, etc.
Este lujoso vagón de pasajeros, por ser de madera, tenía muchas más roturas y además su interior estaba violentado con vidrios rotos, faltantes de piezas claves e irrecuperables y el mencionado desgaste por la falta de mantenimiento. Los trabajos fueron intensos, ya se había ido el año 2006 y el 2007 estaba avanzado, los ferroviarios trabajaban de acuerdo a sus posibilidades y sus herramientas y el personal municipal de las distintas áreas tenía otras tareas e incluso muchas veces solo le dedicaron las horas extras al Museo, quedando una o dos personas trabajando permanentemente. Así llegamos al día 29 de septiembre de 2007, fecha que se eligió para la reinauguración ya que el Coche Comedor estaba terminado, como así también el resto de piezas del Museo emplazadas alrededor del vagón y la locomotora, entre los que se encuentran la Zorra tipo bomba, el Triciclo de vía o Velocípedo, el Bogie tipo araña, un Pulsometro (bomba de agua que funcionaba a vapor), un motor bombeador de fuel oil también a vapor, carritos Decauville, un encarrilador de doble mano, la Cruz de San Andrés, la Torre de señales, piezas a las que se les fueron agregando luego la campana de la estación, el nomenclador, la balanza, el kilómetro 311, el banco antiguo de la estación, entre otros.
Para terminar con este breve relato de lo que fue y es el Museo Ferroviario de nuestra ciudad solo queda destacar que desde su reinauguración a la fecha se ha venido trabajando con el objetivo que enriquecer esta institución y año a año el Museo crece en material y en importancia pero ahora ya no es de un grupo de personas visionarias e inquietas que hace más de treinta años supieron entender lo importante que era esto para nosotros, no es de un grupo de personas más contemporáneos ellos con nosotros que tuvieron el valor y la sensibilidad para hacerse cargo de revalorizar este reducto histórico, de ahora en más y para que no cometer los mismos errores al Museo lo tenemos que ver como lo que ha sido siempre, nuestro patrimonio, nuestro pedacito de historia, de memoria y además un lugar abierto para cultivarnos, para conocer más y sorprendernos con todo lo que tuvo y tiene Gualeguaychú. Cada persona que pisa el Museo deja algo y se lleva mucho más, desde septiembre del año 2007 a la fecha el tipo de visitante ha ido cambiando, primero eran más turistas que vecinos, hoy en día es al revés y es muy grato escuchar la expresiones de sorpresa y alegría cuando encuentran, detrás de la “Casa rosada” una pequeña plazoleta con mucho para contar.


CONTINÚA...

Dardo Campoamor, 28 de Mayo de 2015

martes, 19 de mayo de 2015

Resumen de la Historia del Museo Ferroviario Gualeguaychú - 1ra Parte

En La Revista de Gualeguaychú "Semanario" - Año 3 - Abril 2015 N°37 se publicó una nota sobre el Museo Ferroviario titulada Un espacio donde yace la historia reciente. En esta publicación va nuestro agradecimiento a Semanario y al periodista Rubén Skubij por acompañarnos y alcanzarle hasta lugares muy lejanos del Museo la historia del mismo.


Primera parte del texto:

Para describir al Museo Ferroviario de Gualeguaychú podríamos utilizar la siguiente definición:
“Es una institución permanente, sin fines de lucro, al servicio de la sociedad y abierta al público, que adquiere, conserva, estudia, expone y difunde el patrimonio material e inmaterial de la humanidad con fines de estudio, educación y recreo.” 

Pero si comparamos esta definición con lo que le pasaba a quienes conformaron la Comisión Pro Museo Ferroviario, allá por agosto de 1984, simplemente parecerían muy frías pues está claro que el ferrocarril con más de cien años en nuestra ciudad tiene mucha historia que contar y para eso es loable el haber creado un Museo, pero resulta que este Museo no nació de una decisión gubernamental o de la motivación de una gran masa de personas ni tampoco el ferrocarril se estaba yendo de Gualeguaychú. El Museo Ferroviario de nuestra ciudad nació por el sentimiento y la pasión de un grupo  de vecinos (entre lo que había ferroviario y no ferroviarios) que fueron testigos de un acontecimiento que a la historia misma del Tren se le escapa o por lo menos queda tapado por otros sucesos. Resulta que el día 10 de junio de 1983 de la Estación de trenes de Gualeguaychú, a las 10:00 de la mañana, partía con destino Basavilbaso la locomotora N°85 cerrando ese día los servicios oficiales a vapor de las grandes líneas ferroviarias argentinas, ese sistema que comenzó un 30 de agosto de 1857 terminaba en nuestra ciudad. Ese día un grupo reducido de personas, concientes de lo que eso significaba sumado al cariño por las vaporeras deciden que deben recuperar para Gualeguaychú al menos el recuerdo de los tiempos del silbato a vapor anunciando llegadas o partidas; los tiempos del penacho de humo coronando a las morochas que resoplaban en los andenes ansiosas por viajar. Nuestra ciudad les debe un eterno agradecimiento a estos hombres que tuvieron la visión y la valentía para emprender solos la aventura que significó el rescate del material rodante que hoy está emplazado detrás de la vieja estación.

Primero se procuró conseguir la locomotora N°85 la cual fue negada porque todavía estaba en funcionamiento (hoy está oxidada en Concepción del Uruguay), luego la búsqueda los llevó hasta la N°81, descarrilada y accidentada desde 1981 en Posadas (Misiones) la cual fue cedida después de muchas tratativas porque había que remolcarla hasta acá. Los relatos sobre la llegada de la Locomotora N°81 son muchos y coinciden en la desilusión que se llevaron al verla porque no había simplemente descarrilado, sino que estaba maltratada (incluso Enrique Aagaard menciona que no sabían si aceptarla o no), el descarrilo fue en un puente alcantarilla por lo que la estructura estaba seriamente dañada, tenía faltantes de piezas  y además había sufrido una inundación razón por la cual el óxido era avanzado. La restauración de la 81 llevó meses en el Galpón de máquinas, donde los trabajos estuvieron a cargo de Enrique Aagaard, quien fuera el último jefe encargado de la restauración y mantenimiento de las locomotoras a vapor. Al fin, luego de mucho trabajo y de viajes en el medio para conseguir piezas de repuestos, se pudo inaugurar el Museo el 24 de noviembre de 1984 con una locomotora impecable y solitaria porque las demás piezas fueron incorporándose al Museo con el transcurso del tiempo. Esta apretada síntesis de la locomotora que hoy engalana al Museo no es más que un ejemplo ya que cada pieza del mismo, cada rincón, cada documento que hoy guarda el Coche Comedor 5462 tienen una historia similar y es por eso que su valor es enorme. Al caminar por el Museo, los visitantes van despertando momento gracias a los recuerdos o por medio de la imaginación porque las piezas parecen congeladas desde hace cien o más años pero así también como hoy cualquiera puede disfrutar de un viaje al pasado, viaje que se renueva ya que además esta institución va creciendo y ampliando su material, hay que decir que no ha sido fácil para el Museo porque su historia nos cuenta  que sufrió como ningún otro un prolongado abandono en el cual fue tratado por algunos funcionarios de esa época como “un montón de trastos que han quedado a la intemperie” (según palabras textuales a un periódico local del entonces Director de Museos municipales) más preocupados por la imagen negativa que daba a los turistas que paseaban por el nuevo corsodromo que por recuperar un patrimonio cultural e histórico para la ciudad.

Es así que en los años que siguieron, dos ferroviarios que estuvieron presentes desde los primeros días del Museo, comenzaron a peregrinar por los distintos medios de comunicación denunciando el abandono, desamparo y la desidia que abrazaban a la institución por aquellos tiempos en los que finalizaba la década del noventa y comenzaba el siglo XXI. Varios fueron los artículos periodísticos que se publicaron en diarios y otros que fueron emitidos por radio y por televisión, los cuales no tuvieron el eco deseado y mientras tanto el Museo seguía perdiendo piezas tanto por robos como por el mismo paso del tiempo. Los diarios titulaban “El Museo ferroviario pierde piezas irrecuperables por actos vandálicos”; “El vagón del Museo Ferroviario se convirtió en un ¨ gallinero ¨, por el abandono”; etc. De esta manera la locomotora N°81 con más de un millón de kilómetros recorridos y el Coche Comedor 5462 en el cual se habían apostado las esperanzas de construir dentro una biblioteca, veían pasar el tiempo encerrados por un cerco perimetral que lo único que hacía era aislarlos, lejos de cumplir con la función de proteger, y el Museo se iba adentrando así en la nebulosa espesa del olvido colectivo. Ese bullicio en las vías escenográficas de aquel 24 de noviembre de 1984 se había apagado y lejos estaba la decisión política municipal de reflotarlo.



CONTINUARÁ...

Dardo Campoamor, 19 de Mayo de 2015